El amor incondicional es uno de los aspectos que trata el Árbol de la Vida para que nuestra alma de un nuevo salto cualitativo en su evolución.

El Árbol de la Vida nos muestra que el acto de dar amor, tiempo, etcétera… de forma incondicionalmente tiene una enseñanza que va más allá de lo estrictamente literal.

El Árbol de la Vida nos explica que dar sin esperar nada a cambio es un acto extraordinario, pero ha de ser en su justa medida, es decir, a cada uno lo que es necesario, lo que precisa para su aprendizaje y a su vez, observar para dar en su justa medida.

Si ese amor se da sin medida, se corre el peligro de ser objeto de abusos, de chantajes emocionales, de actos egoístas.

Los maestros.

En este aspecto los maestros que llegan a nuestra vida para que aprendamos esta lección son los descendientes varones y allegados de las generaciones por debajo de la nuestra, unos diez años.

Los maestros que llegan a nuestra vida con su ímpetu, su demanda y, por qué no decirlo, su egoísmo nos enseñan a medir el amor que damos para beneficio nuestro y suyo.

También aprendemos el arte de perdonar, de no guardar rencor ante los resultados obtenidos en los primeros pasos de este aprendizaje que normalmente suele conllevar un abuso de la generosidad mostrada y un “quiero más”, que ante la negativa o la restricción de la misma lleva a una reacción en la mayoría de los casos de rebeldía, rencor, alejamiento y victimismo de nuestros jóvenes maestros.

Un salto cualitativo.

Una vez entendido y convenientemente estructurado el dar y recibir “incondicionalmente”, el acto lleva a nuestra alma a un nuevo salto cualitativo en su evolución.

Cuando hay cargas evolutivas, se dice que el alma se da la oportunidad en esta existencia de ganar alguna reencarnación , de dar un salto en  su evolución hacia su destino final, es decir, la fusión con la Luz de su creador.

Para ello debe afrontar con determinación y humildad los cambios, los giros de ciento ochenta grados que nos trae la vida. Aceptar la perdida de todo tipo, de bienes y de personas, aprendiendo que una nueva estructura de vida es posible desde el dolor que ello supone.

Aceptar que todo en nuestra existencia tiene fin, incluida nuestra vida, de ahí la importancia de relativizar los cambios, grandes y pequeños, saber olvidar y perdonar.

Os deseo todo lo mejor

Autora
Lourdes Agalán, Cábala Coach